
De pronto todo su cuerpo sabía la letra
del tiempo marcado en la partitura.
La lanza de la luz la seguía
la forma la adoptó a medialuna
con las manos en los ojos
como si volvieran a su lugar original.
No lo quería creer pero era verdad
lo que esa campana le decía
atravesando mil puertas
que no son de madera
ni tienen edad.
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